miércoles, 3 de septiembre de 2008

COMO POR ARTE DE MAGIA



“Eso es algo que aprendiste en algún momento de tu vida, que interiorizaste y que simplemente hoy sale para darle sentido a tu mundo, para ayudarte a interpretar las señales, los estímulos, las relaciones que mantienes con los demás. No es una relación de causa-efecto, está claro, existirán muchos factores que están influyendo en ti y en tu manera de desenvolverte, de relacionarte y de actuar, pero creo que es un factor importante”.


Así empezó el cambio. Con “más o menos” estas palabras, o al menos así fueron como yo las interpreté, comenzó algo que nunca antes había imaginado. Hasta ese momento encontraba sentido a lo que hacía, a cómo lo hacía y a por qué lo hacía. No necesitaba que nadie me “hiciera terapia” para ser capaz de comprender qué estaba detrás de una situación que me generaba incomodidad, desagrado, vergüenza, alegría… Es más, desde mi punto de vista y contestando a esta persona desde mi interior, pensé: esto ya no va conmigo. Entiendo lo que quieres decir pero a mí ya no me vale. Yo ya he superado todo eso porque ya he hecho consciente todo aquello que se supone, de manera inconsciente, te hace relacionarte con el mundo e interpretarlo de una manera determinada. Yo ya he detectado todo eso, podría darle una explicación hasta a porqué me angustia darle un mordisco a un trozo de pan cuando no tengo hambre…


¿Y si realmente ésto fuera así? Es decir, ¿desde qué punto de vista estaba partiendo? ¿Cuál es el modelo que sigo, consciente o inconscientemente para llegar a estas conclusiones? Desde mi punto de vista y analizándolo hoy, creo que tenía muy claras algunas ideas. Creía que lo único que necesitaba una persona para ser feliz, era sinceridad consigo misma, y cuando hablo de sinceridad no me refiero a no engañarse, sino a ser crítico con uno mismo, a intentar darle un sentido y explicación a sus actuaciones y a no tener miedo de decirse para sus adentros o en voz bien alta cuáles son sus miedos, a hacerlos conscientes.


Pues bien… ¿qué ocurre cuando crees que esa parte está alcanzada? Pues precisamente lo que pensé yo. “Me parece muy bien, me parece lógico… pero para otra persona” Es decir, yo ya he hecho conscientes esos miedos de los que hablo cuando me refiero a la “autosinceridad”, yo ya los he puesto sobre la mesa y los puedo identificar. Lo que me pasa ahora va más allá, ya no es problema mío, es problema del mundo que no se ha parado a pensar en sí mismo. Soy capaz de explicar mis reacciones y las de los demás, las tengo claras, encuentro explicaciones coherentes… ¿Por qué la gente no me deja ya en paz? ¿Por qué no hace cada uno un mirada a su propio interior y comienza a hacer conscientes todas esas cosas que le atan, esas ataduras subjetivas y comienzan a actuar por una vez sinceramente, dejando a un lado esos miedos que antes, mientras eran inconscientes, dirigían sus pasos?


Exactamente, o al menos lo he intentado, este era mi planteamiento. Cada uno puede decidir el camino que quiere seguir, la forma de relacionarse con los demás, las explicaciones que le da al mundo, a los demás… partiendo de uno mismo, conociéndose a uno mismo. A partir de ese momento no hay nadie que pueda ayudarte más que tú mismo porque no hay nadie que sepa mejor que tú aquellas ataduras subjetivas de las que hablábamos anteriormente. Pensaba que haciéndolas objetivas, que haciéndolas conscientes, simplemente desaparecerían… ¡Cómo por arte de magia!


¿En qué desembocaba todo esto? Entre otras cosas en que mi forma de relacionarme con la intervención, en que mi manera de entender la ayuda a los demás, partía igualmente de este modelo bajo el que me había atrincherado yo misma, bajo esta manera que podría funcionarme a mí y que yo había decidido que, “lógicamente” tenía que funcionarle al resto de la humanidad. Así, ante cualquier situación en la que yo tuviera que intervenir, ayudar, aconsejar… mi único papel era guiar a la persona a hacer consciente sus miedos, el sentido de sus actuaciones, del sentido que le daba a las situaciones, a las relaciones… Y una vez en ese instante, una vez en ese momento… ¿Qué más quieres que haga? Tú ya tienes la llave, ya te conoces, ya te comprendes… Ya eres libre…


¡Pues no! Y de qué manera se me ha venido todo a bajo. Porque partiendo de estas ideas todo cuanto yo esperaba, todas aquellas expectativas que yo tenía, todos los pensamientos, planteamientos y situaciones imaginarias que yo había pensado se tendrían que haber dado tal y como mi mente las estaba recreando, porque el problema no era mío, porque yo sí que me conocía y por lo tanto todo lo que estaba ocurriendo quedaba al margen de mí, la explicación estaba en el otro…


Evidentemente todo esto que había imaginado sobre la otra parte resultó no tener nada que ver con todo cuanto yo había imaginado. Me había equivocado. Me había confundido, había imaginado una realidad, lo había pasado mal, le había dado explicaciones racionales, coherentes, totalmente fundamentadas… Y había llegado a la conclusión de que finalmente… el problema estaba en mí.


Fíjate, no bastaba con comprenderme, no bastaba con entender y hacer conscientes mis miedos… no desaparecía sin más. Seguían influyéndome en mis relaciones, en mis maneras de explicarme a mí misma y a los demás todas aquellas situaciones que me ayudaban a entender todo cuanto me rodeaba.


Ahora sí que la hemos hecho buena, pensé. ¿Y por dónde camino ahora? Se habían roto totalmente mis esquemas… me había descolocado y aún sigo en proceso de coloque… Ya no sé como soy, ya no sé qué dirige mis actuaciones, mis pensamientos, mis inferencias, mis explicaciones a la realidad… Lo peor de todo… ¿y ahora cómo voy a ayudar a alguien, cómo le voy a orientar, si la base sobre la que se asentaban mis pensamientos y mi “fuente de la verdad” resultaba ser un fraude? Si la explicación ya no está en hacer consciente esos miedos, esas experiencias… quizá eso sea un paso solamente, quizá habrá que ahondar más, quizá la llave para esa libertad de la que hablábamos antes no está comprendiendo sin más nuestros miedos… quizá ahora habrá que aprender cómo nos afectan, qué hacemos con ellos y cómo podemos transformarlos para cambiar nuestros esquemas mentales para no asegurarnos nada al fin y al cabo, sino para volverlos a ponerlos en el punto de mira constantemente, para evaluarnos y para ir comprendiéndonos poco a poco a cada uno de nosotros mismos. Y si todo esto es lo que tengo que hacer conmigo… ¿cómo lo hago con los demás?


Después de plantearme todo esto, estuve hablando con un amigo… ¿fue la conversación que tuve con él o la que tuve conmigo misma? El diálogo interior que se genera es la clave, no para darle sentido a todo como había pensado hasta ahora y olvidarme ya del tema, es decir, no es que ahora ese diálogo interior sea la clave para conseguir romper las ataduras subjetivas, sino que ese diálogo es el proceso o es el punto álgido a partir del cuál comienzas a plantearte dudas, cuestiones, situaciones, que te permiten seguir avanzando, comprendiéndote… pero que nunca te van a dar una clave final que lo explique todo.


¿Y con la intervención con otros? ¿Es el diálogo interior el proceso a seguir? ¿Podría ser un punto de partida? Antes hubiera dicho que sí, pero no me quiero arriesgar y voy a pensar que al menos a mi me está haciendo reflexionar e intentar buscar más allá de lo que apartemente hay, que me ayuda a no simplificar y a comprender además que a cada uno puede servirle este diálogo interior de manera muy diferente.


La ayuda… la que yo presto, la que no presté, la que no pude… Quizá todo partió de ahí, partió de mí a diferencia de lo que yo pensaba… ¿Qué implica para mí ayudar? ¿Qué significa que una persona me pida ayuda? ¿Qué implica que no pueda dársela? ¿Cómo he llegado a la conclusión de que no puedo?


Me han surgido muchas dudas y cuestiones a raíz de esto… No sé si podré ir concretando, si este diálogo interior que he intentado plasmar aquí lleva a algún sitio o quizá sólo tiene sentido para mi. Seguiré pensado y quizá salga algo más… de momento, aquí me quedo.

viernes, 18 de julio de 2008

Y LLEGO LA HORA DE DESPEDIRSE...


Cuando terminaron las clases no me dio la sensación de que me despedía… Cuando terminaron los exámenes tampoco… puede ser porque seguía viniendo por la facultad y me encontraba con gente con la que había compartido muy buenos momentos.

Hasta hoy no había tenido la sensación de tristeza, de que realmente me despida. Y no ha sido precisamente porque no vuelva a pasear por los pasillos de la facultad, a morirme de calor o de frío en el despacho o porque no vaya a volver a ver a mis compañeros… Eso lo seguiré haciendo.

Sin embargo, hoy ha tocado despedirse de más personas, de personas que yo ya tenía en cierta estima, es decir, estaba agradecida no por lo que me han enseñado, que no ha sido poco, sino por cómo me han hecho ir pensando, cómo me han dado la mano para seguir hacia delante y personas que yo considero que merecen la pena, personas por las que esperaría para hacerme o no el doctorado…

Hoy he sentido que me despedía de la facultad. Las paredes, las sillas, los recuerdos… son solamente las que dan cobijo a las personas que realmente han sido la carrera de psicopedagogía estos dos años. No había sentido hasta hoy, todo lo que dejaba atrás… Y es que cuando las personas valen la pena… cuesta despedirse de ellas.

No sé lo que nos deparará el verano pero al igual que lo hacía al despedirme de los compañeros y profesores en el colegio, simplemente me despediré con un entrañable: “hasta septiembre”

Gracias.

martes, 10 de junio de 2008

CON LA MIRADA PUESTA EN ELLOS…


Podemos abordar las sesiones de preparación y puesta en práctica del programa de habilidades sociales desde diferentes enfoques. Empezaremos por el logro. ¿Qué conseguimos nosotros? y ¿Qué consiguieron ellos?

Desde mi punto de vista y echando la vista atrás, creo que los compañeros de INEF (que me perdonen por lo de INEF, es que el nombre entero es muy largo…) o al menos muchos de ellos, no venían con expectativas muy dirigidas a lo que realmente trabajamos en el aula, es decir, creo que cada uno había creado diferentes imágenes de aquello de lo que podrían venir a hacer a la facultad y poco a poco fueron encontrando diferentes sentidos a la sesión que se iba desarrollando.

Podríamos decir que en general, todos recibieron un programa de habilidades sociales. Que este respondiera a las expectativas que traían o a las que fueron creando es otro tema aparte. Que además ese programa fuera significativo y útil para ellos es igualmente otra cuestión diferente. Y claro está que la mayoría encontró un ratito de diversión acompañada de reflexión. Quizá, si intentáramos ir un poquito más allá, podríamos intentar dar respuesta a esas otras cuestiones que indico como temas aparte.

En mi opinión, son bastante diferentes las conclusiones y reflexiones que podemos obtener al pensar en la situación y experiencia que vivimos posicionándonos en un punto de vista u otro.

Como ya hemos dicho, todos vivieron y recibieron un programa de habilidades sociales, o al menos una sesión del mismo en el que se intentaron trabajar algunas de ellas. Pero ¿qué ocurre si atendemos no sólo a la motivación de logro, es decir, a lo que consiguieron, sino a la motivación de afiliación o de posicionamiento? Es decir, ¿qué significó para ellos? ¿Qué aportó a su experiencia? ¿Se convirtió en una situación que generó unos pensamientos, reflexiones, ideas… que pudieran extrapolar a otras situaciones de la vida cotidiana? ¿Hubo transferencia de aprendizajes de esta situación preparada hacia su vida real?

Posiblemente estas son cuestiones que nunca podrán ser resueltas a no ser que comenzara un intercambio de comentarios en los blogs que nos ayudaran a indagar sobre estas cuestiones. Sin embargo, me parece que durante la sesión se nos olvidó parte de ésto y no pudimos ir más allá y obtener información valiosa que se quedó en el tintero.

Con ésto no quiero decir que lo hiciéramos mal, tampoco digo que las condiciones con las que contábamos nos ofrecieran tantas posibilidades, pero creo que es importante tener en cuenta y repensar sobre todas aquellas alternativas y posibilidades que podíamos haber trabajado, con el objetivo de tenerlas en cuenta en el futuro, y que por los motivos que fueran, decidimos no hacerlo.

Quizá, como he dicho anteriormente, estas cuestiones sobre lo que significó para “nuestros alumnos” la sesión no puedan ser contestadas. Sin embargo es interesante plantearnos la duda de qué hubiera pasado si lo hubiéramos hecho así. Qué hubiera ocurrido si hubiéramos decidido centrarnos en el significado que le podían haber dado a la experiencia más que en la propia experiencia en sí. Quizá el planteamiento de la propia dinámica hubiera sido totalmente diferente. Creo que si nos hubiéramos planteado la posibilidad de abordar el programa desde un punto de vista más centrado en el proceso, en los significados que le podíamos dar, en cómo se desarrollaba y en lo que podíamos obtener de él mismo, nunca hubiéramos planteado una situación estructurada. Quizá hubiéramos preferido partir de sus propias experiencias, de sus propios intereses, de sus propias vivencias… o podríamos quizá haber generado en el aula una de ellas en un ambiente más natural. Como decía Lucía en su blog, quizá podríamos haber partido desde la idea de analizar aquellos procesos que implican las habilidades sociales y que están de forma inconsciente dirigiéndonos en nuestra propia relación con el entorno, con los individuos, etc. para hacerlas conscientes en ellos con todo lo que ésto hubiera implicado. ¿Hubieran obtenido otros resultados? ¿Se hubieran llevado otra sensación de su último día de clase? ¿Les hubiera sido más fácil el conectar todo lo que allí se hubiera evidenciado y sacado a la luz con situaciones reales ante las que se podían encontrar nada más salir de la facultad?

Eso ahora no importa, es decir, ya no importa lo que hicimos y dejamos de hacer, pero sí creo que es importante no quedarnos con el resultado y utilizar todo cuanto hicimos así como todo cuanto nos dejamos por el camino, porque nos va a ayudar a seguir avanzando, reflexionando y explorando nuevas formas de afrontar situaciones parecidas o diferentes ante las que nos enfrentamos diariamente. Creo que una de las cuestiones importantes es también qué obtuvimos nosotros de todo ésto. Pero no simplemente qué obtuvimos como resultado, sino que, de la misma manera que nos hemos planteado lo que consiguieron nuestros compañeros, plantearnos ahora qué fue para nosotros, qué sentido le dimos, cómo nos va a ayudar en la transferencia a otros contextos, si nos va a ayudar…

Pero todas estas cuestiones las dejamos para el próximo ratito de reflexión…

(P.D. María, te he robado la foto… la cambio cuando me pases alguna de las que me gustan… ya sabes….jajajaj)

lunes, 9 de junio de 2008

LA PUERTA QUEDA ABIERTA... AQUÍ NO QUEDA TODO...


Me debía una reflexión… y sí, digo me debía porque a las alturas del curso en que estamos ya no creo que a mis compañeros les quede tiempo para ir reflexionando sobre estos temas de asignaturas que, aparentemente se están cerrando.

Seguramente muchos de los temas que hemos tratado en las sesiones y que nos acompañaban durante toda la semana aparecerán en diferentes situaciones y momentos ante los que nos encontramos diariamente, lo que pasa que implica mucho esfuerzo el ir un poco más allá. No basta con identificarlos, no basta con darles una explicación… creo que el nivel al que tenemos ya que encaminarnos es hacia una comprensión a tres niveles, o como me dijeron un día en una conversación fuera de clase, hay que comprender a nivel de fractales (vaya conversaciones eh…).

¿Todo ésto para qué? Para comenzar ya a reflexionar sobre cómo cerramos una etapa en el comienzo de una asignatura. Quizá para muchos la asignatura de habilidades sociales terminó el viernes con la puesta en común de la sesión que preparamos para los alumnos de INEF, quizá incluso para algunos terminó con esa misma sesión. Espero que no, porque desde mi punto de vista es ahora, con la distancia, con el tiempo de por medio y sin agobios de preparar una sesión para quedar bien con nuestros compañeros, cuando podemos ir un poquito más allá y analizar realmente todo lo que ocurrió en esas últimas sesiones.

Quizá podríamos quedarnos con la imagen de que al fin y al cabo no salió mal, que nuestros compañeros de INEF llegaron a descifrar el mensaje escondido detrás de todas esas actividades que llevamos a cabo pero… ¿Cuál era el mensaje oculto para nosotros? ¿Estaba realmente oculto? ¿Hemos sido capaces ya de sacarlo a la luz?

Creo que realmente nos quedamos en el camino, creo que abordamos la sesión y todo lo que su preparación conllevó desde un punto de vista productivo, es decir, buscábamos responder a unas necesidades, a una demanda de un grupo de personas que venían a recibir un curso de habilidades sociales. ¿No podríamos haber hecho de esta preparación del curso un propio curso para nosotros mismos?

He leído en otros blogs que hay gente que opina que realmente no somos expertos, que no somos capaces de comprender algunos de los contenidos desarrollados en la asignatura y mucho menos ponerlos en marcha. Quizá, esa es la visión o la idea que nos puede quedar si echamos la vista atrás y analizamos el proceso que se llevó a cabo en la planificación del programa desde el punto de vista del resultado que obtuvimos, pero realmente ¿qué pasaría si analizamos el proceso en sí mismo? Incluso ¿qué pasaría si analizamos lo que implicó para nosotros, lo que hizo despertar en nosotros aunque sea después de varias semanas? ¿Qué pasaría si echamos la vista atrás intentando comprender todo lo que allí se vivió conectándolo con la asignatura en lugar de con lo que se obtuvo aquel día?

Creo que una de las partes más enriquecedoras del proceso fue la preparación de la sesión. Yo no tengo la sensación de que nos dejaran solos en el camino… y si nos dejaron solos ante el peligro y tuvimos que tomar decisiones y si no salió como esperábamos o bien no obtuvimos un feedback correspondiente a nuestras expectativas, ¿significa eso que fracasamos? Desde mi punto de vista, y por supuesto después de unas semanas ya de distancia, puedo verlo ahora con otra perspectiva. Puedo ver que quizá podríamos haber aprovechado mucho más esas mismas situaciones, que realmente se pusieron en práctica habilidades sociales que habíamos estado trabajando en el aula, que fuimos una representación, un ejemplo de la escucha empática, del trabajo cooperativo, de la búsqueda de consenso y del hacer frente a los conflictos e intentar solucionarnos. ¿Por qué no fuimos más allá entonces? ¿Qué buscábamos realmente?

Creo que nuestra decisión fue ser fieles a un programa que les habíamos prometido a los compañeros de INEF, incluso un programa que respondía a las expectativas de Alejandro desde el punto de vista de que él confiaba en que finalmente lo llevaríamos a cabo. ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos dejado de lado el propio programa en sí y nos hubiéramos dedicada profundamente a analizar todos aquellos procesos que se estaban dando?

Nuestra decisión fue responder a esas “obligaciones impuestas” y no creo que esté mal, es decir, fue una decisión que de forma implícita todos teníamos claro, es decir, nadie se preguntó ni puso en duda la posibilidad de “dejar colgado el programa” e ir más allá en nuestro propio aprendizaje o en el ahondamiento de los contenidos de la asignatura. Y repito que creo que no fue una mala opción, pero siempre que esté ligada a una posterior reflexión en la que nos planteemos la idea de que todo podía haber sido diferente, de que la asignatura podía haber “terminado” reflexionando y desentrañando todo el proceso que estábamos vivenciando.

¿Imagináis que hubiéramos llegado a esa conclusión, a tomar esa decisión? Quizá, si lo hubiéramos hecho así podríamos haber desarrollado igualmente el programa que se nos pedía pero ¿con el mismo enfoque? ¿Con el mismo fin?

Esto es simplemente el comienzo de algunas reflexiones que iré dejando plasmadas en mi blog. Me gustaría simplemente cerrar pensando en que las 3 últimas semanas de habilidades sociales pueden comprenderse y analizarse desde diferentes puntos de vista (todo el proceso de elaboración del programa, lo que significó para nosotros, la puesta en marcha del programa y lo que significó para nosotros el resultado obtenido y el análisis del proceso, y por último cómo entendemos, qué sentido le damos y qué ha implicado para nosotros ese feedback último el viernes 30 de mayo) y obtendremos así diferentes conclusiones. Así, cierro aquí esta reflexión inicial dejando abierta a la vez la puerta para ir profundizando en esos otros puntos de vista a través de los cuáles podemos seguir analizando todo lo que ocurrió.


viernes, 16 de mayo de 2008

PACIENCIA


Señor, dame paciencia porque como me des fuerza le pego una...


¿Será la paciencia también una habilidad social? ¿Podemos desarrollarla o quien la tiene la tiene y quien no se desespera?


En estos tiempos que corren ya cercanos a la época de exámenes, de entrega de trabajoS, de buen tiempo y de ganas de salir a tomar algo en lugar de quedarnos en caSa reflexionando... os mando paciencia para todos... paciencia y mucho ánimo que no queda na'.

miércoles, 7 de mayo de 2008

EL SUPERPODER DE LA DISLEXIA


Tanto tiempo pensando qué era la dislexia, cómo la podía definir, a qué procesos afectaba y qué dificultades producía en aquellas personas que la padecía y ahora resulta que no la padecen… ¡que la disfrutan! Bueno, siempre y cuando estas personas sean conscientes de lo que les ocurre y de cómo controlarlo.


¿Qué quiero decir con que la disfrutan? No estoy negando que las personas que tienen dislexia lo pasen mal en su paso por la escuela. Las dificultades con las que se encuentran tanto en los procesos lectores, de escritura, para hablar en público, para incluso situarse en el espacio pueden dar lugar a momentos de terrible incomprensión que vayan generando en la persona mecanismos de defensa que pueden afectar a su propia autoestima, autoconcepto, comenzar a verse como inútiles o incapaces, hasta incluso puede generar estrategias que les ayuden a superar con cierto éxito esas exigencias externas.


Me gustaría centrarme básicamente en este último punto. ¿Qué tipo de mecanismos generan los disléxicos para evitar los errores típicos que cometen sobretodo al leer y escribir? Pero más allá… ¿por qué tienen que desarrollar este tipo de mecanismos?, ¿qué está sucediendo para que se produzcan esos errores?


Existen multitud de teorías que intentan explicarlo. Desde aquellas que consideran que se trata de características físicas del sujeto relativas al tamaño del hemisferio izquierdo, hasta aquellos que dan una explicación basada en el funcionamiento y uso que hace el sujeto de las rutas fonológicas empleadas.


Realmente, la única teoría que tiene un peso más fuerte con respecto a este tema hace referencia a una falta de madurez de la persona para llevar a cabo esa conversión de los grafemas y fonemas así como de los sonidos a su representación gráfica. Claro está que esta dificultad está a la vez condicionada por procesos que están implicados tales como la atención, la memoria de trabajo, la memoria visual, etc.


Pero, ¿qué pasa con aquellos que consideran la dislexia como un don en lugar de como una dificultad? Desde mi punto de vista, un don solo es don como tal, si el sujeto es consciente de que lo tiene y más importante, si el sujeto es capaz de controlarlo. ¿Podríamos entonces considerar la dislexia como un don?


Hay teorías que defienden la idea de que la dislexia está relacionada con la perspectiva, con ese ojo mental (ese ojo de la imaginación a través del cuál vemos algo que con nuestros ojos reales no podríamos) que se puede situar en aquel lugar donde nosotros deseemos pero que debe tener un lugar fijo sobre el que asentarse para darnos una visión integrada de la realidad.


¿Qué ocurre cuando ese ojo mental no se queda fijo y constantemente nos ofrece perspectivas de los objetos, de las palabras, de los sonidos…? Que nos desorientamos. Creo que podríamos asemejarlo a la sensación de ir en un barco mirando a cada parte. Hacia delante, hacia detrás, hacia un lado… no conseguimos fijar una imagen en nuestro cerebro y mucho menos en nuestra memoria. No sólo no seremos capaces de tener una visión completa de la realidad y fiel a ella sino que además nos marearemos y utilizaremos nuestra experiencia para responder sin necesidad de tener que llevar a cabo el proceso de observación que tanto nos mareaba y del que no obteníamos información.


Así, se defiende la idea de que la dislexia consiste en una capacidad para conseguir, con relativa facilidad, diferentes perspectivas de una misma situación. El problema está cuando ese ojo mental del que hablamos se mueve libremente sin dejarnos una información real y fija, ofreciéndonos por el contrario una distorsionada, que además nos obliga a crear mecanismos de actuación que normalmente tampoco solucionan la dificultad.


Creo que si los estudios sobre la dislexia giraran en torno a la idea de que realmente es una ultracapacidad, un superpoder que la persona no es capaz de controlar, se enfocaría desde otro punto de vista. Podría entenderse como una dificultad de aprendizaje porque hasta que el alumno consigue dominar esa habilidad, los mecanismos que desarrolla no le permiten un buen aprendizaje, sin embargo, se entendería también como una pieza clave para potenciar al alumno. En mi opinión, se apostaría por ellos, los profesores mirarían este tipo de indicadores de otra manera, con otra mirada que iría más dirigida a la fascinación por conocer esa capacidad incontrolada de la persona, que hacia esos errores que comete.


Creo que las investigaciones que tratan de darle una explicación a la dislexia no tienen porqué superponerse unas a otras, es decir, quizá todas tengan algo de verdad, de realidad y me parece interesante considerarlas todas si al fin y al cabo el objetivo es conocer para intervenir y así poder ayudar a estas personas. Sin embargo, creo que ofreciendo una visión de las dificultades de aprendizaje como dones, capacidades, etc. en lugar de como barreras, la mirada de aquellos que están en continua interacción con los niños en el terreno de la educación daría un cambio, un cambio orientado por la incertidumbre, por las ganas de potenciar esas habilidades y no por el miedo de no saber actuar que es, desde mi punto de vista, lo que principalmente nos hace retirarnos a tiempo, no ver más allá y provocar situaciones en las que el alumno siente que el problema es suyo.

martes, 6 de mayo de 2008

NO EXISTE GENTE “BUENA”


No existe y no intentes convencerme… No existe esa gente buena de las pelis de Hollywood donde el chico lo deja todo por la chica, donde ella prefiere que se vaya de su lado para que él sea feliz al lado de la persona que realmente quiere, no existe esa gente que se queda sonriendo en el fondo del camino mientras ve cómo otra persona ha alcanzado su sueño aunque ello haya significado perder el suyo. No existen y lo siento por los soñadores, por los utópicos, por los enamorados del mundo… Lo siento porque a mi también me gustaría creerlo pero el golpe será más pequeño si poco a poco voy poniendo los pies en la tierra.

¿A qué viene todo ésto? No he tenido un drama emocional. Tampoco un desengaño amoroso o una traición, simplemente he leído el texto de la empatía. No quiero decir que no tuviera ya en mente algunas de las ideas que he señalado anteriormente, pero quizá este texto me ha hecho afirmarlas, darles más fuerza.

He intentado miles de veces definir la empatía. Sentirla también, llevarla a la práctica. Básicamente se reducía a ponerme en el lugar de otra persona, de experimentar sus sentimientos, sus emociones… es decir, intentar estar tan cerca de ella sin tocarla que prácticamente fuéramos una persona. En realidad siempre seremos dos personas diferentes pero compartiendo en ese momento las sensaciones de una misma piel.

Más o menos ésto es básicamente a lo que se refiere también el texto. Sin embargo da un paso más. ¿Para qué ser empáticos? Y sobretodo, ¿para qué demostrar y mostrar dicha empatía?

Creo que las personas no hacen nada por nada ni por nadie. No existe el altruismo, no existe el amor al arte e incondicional. Creo que cada actuación de una persona, cada gesto, cada mirada, cada palabra tiene un objetivo. No estoy diciendo que estos objetivos que se buscan sean negativos, malvados y perversos, pero sí creo que son objetivos que en el fondo se dirigen a satisfacer nuestras propias necesidades. Sentirnos bien con nuestra persona, hacer sentir bien a otros porque resulta reconfortante para nosotros, por alguna recompensa material o de tipo de halago…El problema está, desde mi punto de vista, cuando esas personas son conscientes de esa empatía, de que son capaces de meterse en la piel de otra persona y de descubrir sus sentimientos… ¡Estaremos desnudos ante ellos!

¿Cuál es el problema entonces? ¿No se supone que si alguien conoce o puede conocer, o te demuestra que te comprende puede ayudarte, contenerte, ponerse en tu lugar y acunarte o bien guiarte si lo necesitas? Mi respuesta sería sí. Un sí rotundo si realmente la gente tuviera ese objetivo final. Ayudar sin obtener nada a cambio. Intentar comprender a otras personas para poder ser un guía más en su camino, una piedra menos con la que tropezar. Sin embargo, como he señalado anteriormente creo que las personas buscan siempre satisfacer sus propias necesidades. ¿Suena egoísta? Puede ser, pero desde mi punto de vista es la única realidad de la que en este momento tengo certeza.

Permitir dotar a alguien de este tipo de estrategias, de conocerlas y manejarlas, nos hace vulnerables ante ellos. Nos pueden manipular, nos pueden engañar o bien nos pueden “ayudar”. Pongo ayudar entre comillas porque la ayuda que yo entiendo no debería esperara nada a cambio, pero como señalé antes, rara vez ésto sucede (puede ser a modo consciente o inconsciente, pero si nos paramos a pensar qué implica para cada uno de nosotros el ponernos en el lugar de alguien para ofrecerle nuestra ayuda… ¿qué estamos esperando recibir realmente? Quizá la propia satisfacción de ser útil para alguien, quizá que nuestro modo de vida de vea influido positivamente al ofrecer esta ayuda… por miles de cosas, pero siempre recibimos algo. No es que sea malo…pero no es la clase de ayuda que yo entendía hasta estos días).

Así, creo que la empatía es un arma de doble filo. Puedes aprender a experimentar sentimientos ajenos a ti. Puedes hacerlos tuyos y seguramente te ayudarán a comprender el mundo desde otros puntos de vista que enriquecerán el tuyo, que podrás contrastar y quizá podrás utilizar para intercambiarlos con alguien a quien ese intercambio signifique un gran apoyo. No lo niego, pero me da miedo que este tipo de habilidades se vuelvan en nuestra contra, que las personas las utilicemos para conocer los pensamientos de los otros, sus sentimientos… para dejarles desprotegidos y atacar sin piedad.

¿Es que la gente no puede simplemente ser féliz, dejar de psicoanalizar a los demás, ofrecer esa “ayuda” de mentirijilla que nos ofrecen y dejar que sean los demás los que la pidan? ¿Es que la gente no sabe que no hay que adivinar los pensamientos y sentimientos de los demás? ¿Es que no puedo decidir yo a quién quiero abrir mis emociones en lugar de que entren sin llamar?

Quizá esta reflexión no es muy profunda. Son las primeras ideas que me llenan la cabeza pero de las que seguramente se podrían sacar conclusiones o ideas más elaboradas. No os preocupéis amantes de las causas perdidas… no soy tan pesimista… Para la próxima prometo dar algo de luz en el camino.